Textos del libro
Cuando yo regreso a Venezuela, después de mi primer viaje a París en 1948, estaba muy huérfano de aquel ambiente de discusión prolijo y combativo que viví como alumno de la Escuela de Artes Plásticas. Y sucedió algo clave en todo lo que fue el movimiento de El Taller Libre de Arte y posteriormente Los Disidentes. Un crítico cubano al mando de la galería de la Unión Panamericana, José Gómez Sicre, trajo una exposición de pintura latinoamericana a Caracas con motivo de la toma de posesión del presidente Rómulo Gallegos. Gómez Sicre se hace amigo de Adelita Rico, la esposa de Poleo, y de mí; nos solicita ayuda para el montaje de esta exposición en el Museo. Fue una gran exposición. Allí pudimos ver las primeras obras no reproducidas de artistas latinoamericanos, sobre todo cubanos, como Wilfredo Lam, que nos impresionó mucho. Estábamos apenas a un año de haber egresado de la escuela y no encontrábamos un sitio dónde exponer, dónde acudir. Quisimos crear un taller para encontrarnos de nuevo y esa idea la tomó para sí Gómez Sicre... Y dijo: Bueno, vamos a hacer algo, preparen una exposición todos los egresados de esa escuela y otros formados allí. Días después, hicimos una exposición en el Liceo Fermín Toro, donde participaron más de treinta pintores jóvenes. Lo importante fue que pudimos ver una panorámica de lo que se estaba haciendo en ese momento en la plástica venezolana, y Gómez Sicre, entusiasmado, nos interpeló: ¿ Por qué ustedes no crean un taller libre ?... Gómez Sicre tenía mucho contacto con el secretario de Rómulo Betancourt, Raúl Nass. Raúl Nass influyó mucho sobre Elisa Elvira Zuloaga, Directora de Cultura, quien logró que el Ministro de Educación, Luis Beltrán Prieto Figueroa, nos cediera un local donde reunirnos y exponer nuestras obras. Ese local lo conseguimos en la esquina de Mercaderes; el Ministerio nos pagaba el alquiler, la luz y los teléfonos... Acondicionamos el sitio entre Alirio Oramas, Mario Abreu, Pedro León Castro, Luis Guevara Moreno, entre otros -recuerdo que a Feliciano Carvallo lo contratamos como bedel para ayudarlo- y al cabo de algún tiempo se inauguró formalmente el Taller Libre de Arte con una exposición individual de mi autoría. El interés que despertó la muestra me valió una nueva beca a París, esta vez por cinco años.
Alejandro Otero, Carlos González Bogen, Pascual Navarro, Luis Guevara Moreno, Omar Carreño... Toda una generación de artistas que tuvimos la suerte de encontrarnos en París. Unos llegaron primero, otros después y se fueron agregando... Entonces nosotros, que habíamos tenido una formación muy sólida en la vieja escuela del Cuño dirigida por un hombre sabio, Antonio Edmundo Monsanto, y por todo el grupo del Círculo de Bellas Artes, grandes artistas, grandes profesores, nosotros, pues, tuvimos que dejar el sentimentalismo a un lado y, a través de la revista Los Disidentes, tratar de destruir todo.. Eramos demasiado jóvenes, pero había que destruir para luego construir... Nosotros no vinimos a París a seguir cursos de diplomacia, ni a adquirir una "cultura" con fines de comodidad personal. Vinimos a enfrentarnos con los problemas, a luchar con ellos, a aprender a llamar las cosas por su nombre, y por ello mismo no podemos mantenernos indiferentes ante el clima de falsedad que constituye la realidad cultural de Venezuela. A su mejoramiento creemos contribuir atacando sus defectos con la mayor crudeza, haciendo recaer las culpas sobre los verdaderos responsables o quienes les apoyan. Buena parte de la tarea que emprendemos no nos corresponde, pero ante la indiferencia de aquellos a quienes les incumbe, no hemos vacilado en hacerla nuestra, puntualizando también todo cuanto podamos. Somos venezolanos (y continuaremos siéndolo) y hemos sido las primeras víctimas de ese estado lamentable de cosas. Hoy nos revelamos contra ellas, y hablamos alto porque es necesario. Vamos contra lo que nos parece regresivo o estacionario, contra la que tiene una falsa función. Hemos sido resultado y testigos de mucho absurdo, y mal andaríamos si no pudiéramos decir lo que pensamos, en la forma en que creemos necesario decirlo. Hemos querido decir "NO" ahora y después de "Los Disidentes". "NO" es la tradición que queremos instaurar. El "NO" venezolano que nos cuesta tanto decir. "NO" a los falsos Salones de Arte Oficial. "NO" a ese anacrónico archivo de anacronismo que se llama Museo de Bellas Artes. "NO" a la Escuela de Artes Plásticas y sus promociones de falsos impresionistas. "NO" a las exposiciones de mercaderes nacionales y extranjeros que se cuentan por cientos cada año en el Museo. "NO" a los falsos críticos de arte. "NO" a los falsos músicos folkloristas. "NO" a los falsos poetas y escritores llena-cuartillas. "NO" a los periódicos que apoyan tanto absurdo, y al público que va todos los días dócilmente al matadero. Decimos "NO" de una vez para todas; al "consumatum est" venezolano con el que no seremos nunca sino una ruina. Manifiesto de Los Disidentes
Durante mi juventud tuve dos estadías en París. La primera vez volví sin nada en mi equipaje. En París no me atreví a tomar un pincel ni un lápiz, porque cuando me enfrenté a los grandes maestros del arte contemporáneo, a Picasso, a Bracque, a Fernand Léger, a Miró, que no los conocíamos sino a través de las reproducciones, quedé asombrado... Me dije, ¿quién soy yo, al lado de todo ésto? Yo que iba con todos los honores de un Premio Nacional lo que hacía era vagar por las calles de París visitando galerías, museos y también disfrutando de un poco de bohemia, porque a los 21 años no se puede hacer abstracción de lo que era en aquel momento París... Pigalle, todas esas cosas... Para mí aquello fue una especie de experiencia de vida y de arte. Cuando regreso a Venezuela, vengo con la idea de que había que volver de nuevo a París, cosa que hice en una segunda oportunidad, para aprovechar todo lo que estaba surgiendo en aquel momento. En la pintura con el arte abstracto, en el teatro con Jean Luc Barraud, en la literatura con Jean Paul Sartre... Todo eso amplió, no digo sólo a mí sino al grupo Los Disidentes, nuestro horizonte como artistas y como hombres para pensar en algo que para nosotros era importantísimo: Venezuela. Porque no íbamos a hacer como hizo Cristóbal Rojas o Michelena, que llegaron en pleno impresionismo pero se pusieron una venda en los ojos y no vieron lo que estaban surgiendo en ese momento. Nosotros nos dimos cuenta de que teníamos cincuenta años de atraso con respecto a lo que se hacía en la plástica universal. Nos quisimos incorporar a lo último que estaba surgiendo, una nueva onda del arte abstracto; y cuando vimos la primera exposición de arte abstracto en la galería Maeght, dijimos, "ésto es lo que nosotros queremos". Y todos empezamos a profundizar en el arte abstracto. Mi regreso a Caracas luego del segundo viaje a París me hace recordar algo importante: Renuncié a mi beca. Pude haberme quedado un poquito más de tiempo en París, pero hubo un momento en que tomé conciencia de algo: Mi madre se había sacrificado, me había traído de los caños del Orinoco para darme una educación en Caracas. Yo, hijo único; mi madre viviendo en Antímano sola. Cuando gano el Premio Nacional se me creó un drama porque le decía, ¿cómo te vas a quedar sola? Y aquella mujer, con gran entereza y valentía, respondía: Te traje de los caños del Orinoco para educarte en Caracas y ahora das un salto a París. Vete y olvídate de mí... Aquello me mortificaba terriblemente. Tenía en París ya tres años y un día le hablé a Alfredo Boulton, gran mecenas y propulsor de todo cuanto hacíamos los disidentes, de mi necesidad de regresar. Alfredo me respondió: ¿Qué vas a buscar a Venezuela, si ya te estás desenvolviendo en el ambiente parisino? (ya había expuesto en salones y galerías). Le hablé del compromiso con mi país y con mi madre, de la necesidad de retribuirles lo que me habían dado. Y regresé con la buena suerte de que si no lo hubiese hecho en ese momento, no habría podido realizar los vientiseis murales que tengo en la Ciudad Universitaria... Hasta cierto punto se hubiera perdido la gran oportunidad de mi vida como artista. Nosotros Los Disidentes trajimos a Venezuela el arte abstracto en los años cincuenta. En ese momento en Venezuela nadie entendía aquello. Fue una lucha extraordinaria y en ella participó activamente el arquitecto Carlos Raúl Villanueva.
Conocí a Villanueva recién llegado de París, después de mi primer viaje. Nosotros, Disidentes, habíamos roto con todas las instituciones de Venezuela, incluído el Museo de Bellas Artes. No teníamos donde exponer, ni queríamos exponer en los pocos sitios que existían. Pero entonces nos dimos cuenta de que la única forma para mostrar nuestra obra era encontrar un sitio. La Nena Palacios, que tenía una tienda de decoración -Casa Moderna, se llamaba-, me ofreció el local para hacer mi primera exposición. A la muestra asistió Carlos Raúl Villanueva, y cuando vio las obras expuestas, mis primeras obras abstractas, me dijo: Manaure, éso es lo que yo necesito para la Ciudad Universitaria. Para entonces realizaba una abstracción un poco lírica, influenciado por Kandinsky, presente en los primeros murales que se hicieron para el Estadio de la Ciudad Universitaria. Pero luego hubo una evolución. A mí me interesó más Kandinsky que Mondrian en aquel primer momento, pero cuando entro de lleno en el proyecto de la síntesis de las artes, cuando hay que integrar la pintura a la arquitectura, allí doy un cambio en favor del abstraccionismo geométrico propio de Mondrian. Este cambio está presente en dos murales de la plaza cubierta de la UCV; uno, de tendencia todavía lírica, es el que está enfrentando a la obra de Arp, el Pastor de Nubes; el otro, más geométrico es el que está en la parte de atrás del Aula Magna. Esos fueron los primeros murales porque la Plaza Cubierta se hizo con mucha premura debido a que allí se celebraría una importante conferencia internacional. Pude sacar una conclusión de esas dos obras iniciales: el mural que da hacia la parte interior de la plaza se integra a la escultura de Arp por sus formas, pero es algo lírico; mientras que el otro, el ubicado en la parte de atrás, el que se hizo después, ése se integra; es algo más logrado con respecto al concepto de integración de las artes plásticas a la arquitectura, desarrollado por Villanueva; y esa fue la pauta a seguir para los más de veinte murales que desarrollara posteriormente en las facultades de arquitectura e ingeniería de la Universidad Central de Venezuela. Los críticos de arte tienen que profundizar y escribir que la modernidad del arte en Venezuela tuvo un comienzo. Ese comienzo fue Carlos Raúl Villanueva en la arquitectura y el grupo Los Disidentes en el arte; para demostrarlo tenemos el testimonio de la Ciudad Universitaria. Si no hubiéramos pasado por París, si no hubiésemos asimilado todo lo que asimilamos, no habríamos podido contribuir con lo que ha significado para el arte venezolano el gran salto hacia un mundo diferente. Un salto hacia la modernidad sin desligarnos de algo que para nosotros es muy importante: el trópico. Nosotros somos gente del trópico; al color no podemos descartarlo, porque el color de nuestra tierra es la esencia de la que nos hemos nutrido desde un comienzo. Uno ve el estado de la pintura venezolana de hace cincuenta años y entiende que nuestro movimiento fue un paso de avance extraordinario. Tuvimos la oportunidad de participar no solamente en la Ciudad Universitaria, sino en muchos de los edificios que arquitectónicamente respondían a algo diferente. Nuestra generación tuvo que ver con proyectos para murales, fachadas, plazas, y edificaciones de diverso tipo, que hoy demuestran la importancia de nuestra disidencia. Mateo Manaure: recuentos |
Mateo Manaure es representado por:
Galería MUCI
Calle Madrid entre Veracruz y Caroní
Las Mercedes, Caracas, Venezuela
Telf. (582) 9915109 / 9934004
www.galeriamuci.com
Correo electrónico: info@galeriamuci.com
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