Obras

Como quien se aproxima a un espacio desde una lejanía, como quien se aproxima a ese mismo espacio ya imaginado desde su visión de espectador, así, Roberto Puente nos introduce en la multiplicidad azarosa de los ámbitos. Con su singular manera de dirigir la secuencia intangible del plano arquitectónico, nos mueve dentro de la antojadiza captación a que nos somete el entorno imprescindible. Puente es pintor de origen ecuatoriano, lo que supone una vinculación con la potente expresividad andina y con una ya larga experiencia en Venezuela, lo que supone la inmersión en la portentosa luminosidad del Caribe.

Su obra, producto de intensas y difíciles investigaciones, ha venido pacientemente definiendo un camino muy singular, ahora en etapa de plena madurez. La diestra combinación de los signos, de las referencias ancestrales, de los gestos con las geometrías, todo enmarcado en la gran abstracción y enigma que es el espacio, nos conduce por el laberinto de una escritura cuya lectura a la vez versátil y profunda, se corresponde con la esencia de la pintura.

Si algo coloca a Puente en el umbral de la emoción visual es su acertado manejo de la materia y el signo, siempre abandonados a la variada evocación del espectador. La inclusión deliberada de elementos de su historia personal: escaleras diminutas, bailarinas, trenes de juguete, códigos indígenas, ubicándolos dentro de repisas, logran construir una espacialidad muy particular en la memoria.

Destaquemos sus oníricas ventanas abiertas sobre el paisaje margariteño que encienden vanos en medio de atmósferas jamás fatigadas por el vigor de los recuerdos. Inconforme con esto, recurre a la contingencia de las texturas , de las veladuras donde la huella, nuestra huella en voz baja subsiste. Hoy, esta nueva exposición, síntesis de su trabajo, nos muestra una obra sedimentada, pero también prometida a una insondable guía en la inquieta y permanente vigilia del artista.

Arte vibrante. Arte introspectivo. Dos condiciones inherentes al destino de Roberto Puente pintor, pero además hombre no ajeno a la época que lo cincela o valga este juego de palabra: que lo pincela, tanto como él hace con el mundo desde el recinto de su estudio que es obviamente su mundo.

Alfredo Camejo
Marzo 2005

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